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Inca Baque, Hijo del Inca

Tiempo atrás apareció al borde del río Soaya un hombre joven con una chusma de escamas brillantes. Su piel era clara como un espejo, sus flechas eran de oro y su canoa roja como la sangre. El joven amarro su canoa a un árbol de limón y sujeto una campana de oro a la rama más alta. Cada mañana tocaba la campana y se iba de pesca, regresando con muchos peces que compartía generosamente con los Shipibos. Por su lado los hombres Shipibo regresaban de pesca en pesca con las manos vacías. Sus mujeres se burlaban de ellos diciendo: ¿ Porqué ustedes no pueden traer abundante pescado como el extranjero? Celosos de su éxito los hombres decidieron matar al joven, enterrándolo vivo. Un día toda la gente salía del pueblo para pescar, menos una pareja que se quedo porque la mujer pensaba que iba a dar a luz. Al constatar su error, ellos corrieron por la playa para alcanzar a los demás cuando los sorprendieron unos gritos desesperados, descubriendo al joven de la túnica brillante enterrado hasta el cuello en el barro resbaloso.
Déjalo allí pues dijo la mujer, pero su esposo decidió rescatarlo. El extranjero, muy agradecido por obtener su libertad, les dijo, regresen ustedes rápido a su casa y suban al árbol Genipa, porque el viento vendrá del norte y otro vendrá del sur y las lluvias no van a cesar hasta que las montañas, los árboles, los animales y todos los seres humanos hayan desapareido de la tierra. Diciendo estas palabras el hombre se tiro al agua y no se le vio nunca más. La pareja trato de advertir a sus parientes del desastre inminente, pero ellos estaba tomando masato y no quisieron escuchar. Tres días más tarde hubo un eclipse total de sol y el mundo se puso en tinieblas. Una lluvia torrencial empezó a caer, con truenos y relámpagos. Granizos de un tamaño nunca antes vistos cayeron del cielo. La pareja subió al árbol de la genipa como había indicado el joven. Muy pronto el agua sumergió a todas las casas, las plantas, los animales y los seres humanos en el diluvio. Las aguas subieron más y más, inundando los árboles del bosque. Pero la genipa siguió creciendo tal como un hongo desmesurado.

Cuando finalmente ceso la lluvia el hombre empezó a bajar del árbol, cuidadosamente de rama en rama. Para probar la solidez del suelo, otro los frutos de la genipa. El primer fruto cayó en el agua, el segundo se cayó en el barro. Toco el tercer fruto caer sobre tierra firme. El hombre pudo bajar por fin del árbol. Miro alrededor, pero no vio nada el pueblo entero había desaparecido y en su lugar había una cocha grande. El hombre llamaba y llamaba, pero nadie contestaba. Caminaba de un lado a otro sin encontrar a nadie, al regresar al árbol genipa tuvo la sorpresa de encontrar tres grandes ceramios pintados colmados de yuca, carne asada y masato. Después de comer a gusto, el hombre se fue de nuevo en busca de otros seres humanos. Al regresar volvió a encontrar los tres platos llenos de alimentos Decidió esconderse detrás de la genipa para descubrí queines estaban trayendo los regalos. Y después de corto tiempo, vio aproximarse por la cocha una canoa manejada por dos hermosas mujeres. El primer impulso del hombre fue agarrar a la primera mujer; y suéltame grito la primera mujer, ¡ Yo no soy para ti! pero el hombre no hizo caso y la tomo por la fuerza, como resultado de aquella unión imprevista, nacieron de entre los dedos de los pies de la mujer seres humanos diminutos para repoblar el mundo. ¡Idiota! dijo la mujer, mi acompañante, que es hija del inca, iba a ser tu esposa. Yo solamente soy su sirvienta. ¡Cometiste un error imperdonable!

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