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Izanguito y El Joven Encantado

 

Un día mirando hacia abajo, por su descomunal altura que tenía el gigante, vio varios niños en el bosque, uno de los niños creyendo que era un árbol y mirando hacia arriba, comenzó a treparse por una de sus piernas del gigantesco hombre; tan grueso era la pierna, que los brazos del niño no logra abrazarle; los pelos del gigante parecían lianas o sogas, por allí se trepaba el niño. El gigante sentía cosquillas; nunca antes sintió tal cosa, miraba y miraba con ojos atónitos al niño que tenía por nombre Izanguito y trepaba y trepaba muy lentamente por sus pelos. Nunca imaginó Izanguito que por donde trepaba, era un hombre gigante, creía que era un árbol viejo de esos tan altos como las nubes. Izanguito trepaba y trepaba alegremente, para él era una alegría.

Cuando Izanguito estaba muy arriba, los niños que se quedaron en el suelo vieron moverse el árbol, que no era otra cosa que la pierna del gigante, pues ellos estaban parados en el pie de ese ser monstruoso.

Comenzaron a gritar los niños diciendo, se cae el árbol, se cae, ¡ Izanguito bájate rápido! ¡rápido Izanguito! pero él no les escuchaba. Izanguito se había perdido entre los pelos del descomunal gigante.
De un pelo se pasaba a otro y así hasta llegar a la barba, donde había nidos de paucar y otras aves.

Los niños que estaban gritando abajo, comenzaron a llorar, ya no veían a Izanguito; derrepente el gigante comenzó a inclinarse, extendiendo sus enormes brazos, puso en el suelo sus manos y mirando a los niños con esos tremendos ojos, les invitó a subirse a la palma de sus manos, que parecía un campo de fútbol pelado. Los niños no comprendían lo que estaban viendo, Izanguito menos, para él era un árbol, para sus amiguitos ¡no!.

Este ser les miraba moviendo la cabeza en forma horizontal de lado a lado, los niños seguían llorando, tanto que conmovió al gigante, quien les preguntó, qué hacían en el bosque de su propiedad; nadie atinaba a contestar. Izanguito al escuchar estas palabras pidió al gigante que le pusiera en su mano donde estaban sus amiguitos.

Para esto el gigantesco hombre bestia, movió la cabeza verticalmente, como quien dice ¡sí!.
Izanguito no salía de su asombro, ¿Cómo era posible que ese árbol sea un hombre gigante?, ¿Qué misterio hay en él?. Es así que el gigantesco hombre les cuenta que fue embrujado en nombre de la lupuna y que sería padre y madre de los árboles gigantes y de toda la selva, hasta que alguien llegue a él y le saque el pelo más largo y lo entierre junto a la sachamama, y de esa manera rompería el hechizo; Izanguito decide ayudarle, le saca el pelo más largo y lo entierra junto a la sachamama.

El gigante encantado era hijo de un acaudalado hombre de negocio de Iquitos; se rompe el hechizo y toma la forma normal y decide compensar a los niños especialmente a Izanguito por su valentía, éstos que eran pobres obtienen riquezas y comodidades para su familia, ahora los niños y el joven que fue desembrujado, viven en paz y son grandes amigos de verdad.

Texto del libro Folklorama Amazónico ( Compendio de Folklore I ) © Miguel Montalvan Vázquez.

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