|
Un día mirando hacia abajo, por su descomunal altura que tenía el gigante, vio varios niños en el bosque, uno de los niños creyendo que era un árbol y mirando hacia arriba, comenzó a treparse por una de sus piernas del gigantesco hombre; tan grueso era la pierna, que los brazos del niño no logra abrazarle; los pelos del gigante parecían lianas o sogas, por allí se trepaba el niño. El gigante sentía cosquillas; nunca antes sintió tal cosa, miraba y miraba con ojos atónitos al niño que tenía por nombre Izanguito y trepaba y trepaba muy lentamente por sus pelos. Nunca imaginó Izanguito que por donde trepaba, era un hombre gigante, creía que era un árbol viejo de esos tan altos como las nubes. Izanguito trepaba y trepaba alegremente, para él era una alegría.
Cuando Izanguito estaba muy arriba, los niños que se quedaron en el suelo vieron moverse el árbol, que no era otra cosa que la pierna del gigante, pues ellos estaban parados en el pie de ese ser monstruoso.
Comenzaron a gritar los niños diciendo, se cae el árbol, se cae, ¡ Izanguito bájate rápido! ¡rápido Izanguito! pero él no les escuchaba. Izanguito se había perdido entre los pelos del descomunal gigante.
De un pelo se pasaba a otro y así hasta llegar a la barba, donde había nidos de paucar y otras aves.
|