Sucedió en Tarapoto, Distrito de Bello Horizonte. Rafico es un joven apuesto leñador, casado con Maricucha, tiene tres hijos.
Muy temprano, en la madrugada, Rafico diluye masato muy fermentado, parecía ponche; yuca asada y un pedazo de carne del monte. Su esposa e hijos duermen. Rafico tomando todo lo necesario se dirige a su chacra, donde trabaja de sol a sol, es decir más de 12 horas, el sol broncea su rostro a pesar de usar sombrero grande como se acostumbra en la selva; la camisa mojada por el sudor, parches por todos lados, es el campesino que sufre el embate de la miseria y que sólo busca sustento en la tierra madre.
Al ponerse el sol, se asoma una tempestad , pasan las horas; truenos, rayos y relámpagos, más los vientos huracanados hacen que Rafico permanezca en su tambo. El temporal es infernal.
Por otro lado Maricucha, preocupada por su esposo que nunca se había quedado a dormir en el tambo de su chacra, decide salir de casa pasando la media noche y con un lamparín en la mano va en busca de Rafico. Seguían los truenos, rayos, relámpagos; algunos animales que se cruzan en su camino, sapos, víboras y muchos otros, nada hacen retroceder a Maricucha, va al encuentro de su amado.
A media hora de camino comenzó a menguar la fuerza de la naturaleza, la lluvia va pasando y el silencio de la noche se hace fuerte, intensa; derrepente aparece una luz en forma de bola, parece que la persigue, no tiene lugar fijo de permanencia en el espacio ni sigue una órbita regular, extraño fenómeno.
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